30 marzo

Un mito para el coronavirus

Vivimos un tiempo raro. Extraño. No tenemos referencias para enmarcarlo ni para entenderlo. Nunca en la historia nos hemos enfrentado con algo parecido con tanto conocimiento y sobre todo, con una lejanía tan grande de la muerte. Empoderados por la higiene, la sanidad, la tecnología y la paz en occidente, la muerte nos quedaba lejos. Pero esta experiencia nos da la vuelta. Más allá de los cambios sociales e históricos que vengan, esto es también una pequeña muerte para cada uno, incluso para todos los que (la gran mayoría) sigan viviendo. No saldremos de esto como hemos entrado.

Quizás nos pueda ayudar mirar en los mitos que siempre nos suelen dar alguna respuesta sugerente. Hay uno que ayuda a entender la experiencia que nos toca vivir. Se trata del mito de Er, citado por Platón en La República y explicado de nuevo por Villegas (2013). Er, es un soldado armenio a quien dan por muerto en batalla. En esa situación y por una razón que se desconoce, Er es escogido para asistir al juicio de las almas. Como es el escogido, simplemente está de observador y por tanto no participa en dicho juicio. Este consiste en que cada alma repasa su vida. Tiene que valorar su existencia y reflexionar sobre si ha cumplido con las expectativas. Tras realizar este juicio sobre su vida recién terminada, las almas se deben presentar ante una de las parcas llamada Láquesis. Conforme van llegando un adivino las hace colocarse en fila y entones éste dice a las almas que les toca volver a decidir qué vida quieren llevar y que por ninguna de las razones podrán culpar a los dioses de su elección.

Así pues, cada alma decide de nuevo la existencia que decide llevar. Láquesis colocó ante ellas todo tipo de existencias, mezclándose todos los modelos de vida de forma infinita. Se mezclaban riqueza y pobreza, enfermedad y salud, belleza y fealdad. Este era un momento crítico y por ello cada uno de nosotros debe preocuparse por encima de todo de discernir entre la vida dichosa y la miserable.

Contaba Er que el primero en elegir eligió la mayor de las tiranías, sin haber examinado las consecuencias de sus actos. Y cuando se hubo percatado, tras examinarlas detenidamente, se golpeaba el pecho y se lamentaba por no recordar los consejos del adivino. Los que llegaban del cielo no solían elegir muy bien pues no conocían el sufrimiento mientras que las almas procedentes de la tierra reflexionaban y no se tomaban tan a la ligera la elección.

Una vez elegidas las vidas, las almas se acercaron a Láquesis para recibir la elección. Tras dicha elección se encaminaron a la llanura del Olvido…donde todas bebieron de su río y se durmieron. A Er, sin embargo, le prohibieron beber del río y de pronto, se despertó ya en la pira funeraria.

Ahora “estamos” ante Láquesis y tras el juicio de nuestra propia “alma” nos encontramos como decía Sartre ante la imposibilidad de no elegir, o dicho en positivo ante la obligación de ser libres. Pronto nos despertaremos con el cuerpo maltrecho y el bolsillo vacío pero con la suerte de haber asistido al juicio de las almas y nos tocará decidir si vivir igual o quizás, vivir diferente.  

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