8 mayo

El coraje de la compasión

Queda en mí la compasión como un tiempo de encuentro,

de presencia, de sentirme sentida, aliviada, acompañada,

abrigada y sostenida.

 

Me siento compasiva cuando puedo ir a,

hacia,

con alguien

y quedo en el lugar entre ambos,

sin expectativa, sin prisa

y escucho “el ritmo”,

“la música” que sucede en el encuentro,

la única que suena.

 

Me siento compasiva cuando no hablo por tí

cuando miro viendo hacia dentro

y me quedo en lo que veo

sin interrumpir nada,

asistiendo a la quietud que se transforma;

cuando estoy sin mi arrogancia de salvarte

o de ser buena,

porque ESTAR es la mejor ayuda

y no ayudo si necesito ayudar,

porque entonces dejo de ESTAR, “idiota compasiva”.

 

Estoy en la compasión

cuando tengo el coraje de dejarme conmover por lo tuyo

cuando dejo que resuenes en mí

y me acerco y me activo para el hacer.

 

Me siento compasiva cuando sé

y puedo darte algo

y cuando estoy sin saber y

sostenemos la incertidumbre

que descansa, al sentirse habitada.

 

Estoy en la compasión en el dolor, en el daño,

en lo injusto,

en el vértigo, en la enfermedad,

en la confusión

y en lo más oscuro de la oscuridad.

 

Estoy en la compasión

cuando nuestro estar es un silencio

donde todo cabe y puede quedarse o soltarse e irse.

 

Y para empezar, quiero ser compasiva conmigo,

como inicio, como origen,

como siembra de supervivencia y de amor a mí misma

y a mi propio dolor.

 

Así sea.

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