14 Febrero

Uso de cuentos en Psicoterapia

El uso de cuentos y metáforas en psicoterapia es una herramienta que a veces utilizamos. Resulta poderosa y mueve hacía el cambio o entendimiento de situaciones que a través del razonamiento es difícil llegar. El lenguaje metafórico llega de otra manera, llega a través de la emoción.

Recientemente una paciente me inspiró este cuento que me gustaría compartir con vosotros, por si a alguno/a le llega y le sirve.

Un abrazo,

Marta Beranuy

Una oruga en el zoo

Érase una vez, una pequeña oruga que paseaba por el zoo. No entendía porqué era tan pequeña. No podía entender porqué los animales que vivían alrededor eran tan grandes y tan hermosos… así que estaba un poco triste.

El elefante la vio casi llorando y se le acercó. Estiró su trompa y dejó que la oruga trepara por ella hasta tenerla bien cerca de sus ojos. Una vez ahí, hablaron. El elefante le pregunto qué le pasaba. Y ella le explicó que se veía fea, pequeña e insignificante. El elefante le dijo: -Te voy a llevar a dar un paseo y hablaremos con mis amigos.

Fueron a ver a la tortuga, quien les contó que a pesar de su larga esperanza de vida, siempre había deseado poder vivir más y más, hasta que comprendió que vivir tanto tiempo también le llevaría muchas pérdidas. Así que decidió aceptar su condición y disfrutar de su vida, mientras la tuviera.

Fueron a ver al león, quien les contó que a pesar de su fuerza, siempre había deseado poder tener más amigos y más gente que confiara en él. Al final comprendió que esa era su condición. Era fuerte y feroz, protegía a su familia y esa era la amistad que él debía conservar, así que iba a disfrutarla mientras la tuviera.

Y así, de animal en animal, todos le fueron explicando historias a la oruga, compartiendo con ella sus condiciones y aquello que no les gustaba de tenerlas, pero también, aquello para lo que les servían. Al final del día la oruga decidió aceptar su condición y aprender que no por ser pequeña, debía estar triste. Podía disfrutar de eso también: podía comer de las hojas de los arboles tranquilamente, podía esconderse si lo deseaba y también podía pasear sentada en la trompa de su nuevo amigo sin molestarle.

Se fue a dormir un poco más contenta, se tapó y se dispuso a descansar y a reposar todo lo que había aprendido. Así que ese día, decidió hacer algo diferente, dejó que su condición se expresara por sí misma, y algo la envolvió. Un cálido mando la atrapó dentro. Ella dejó que eso la arropara y se dedicó a repasar todo lo que la vida le había enseñado. Y al despertar al día siguiente, cuando ya había aceptado su condición de oruga, resultó ser una mariposa. Era más grande, podía volar, se sentía espectacular y preciosa.

Sorpresa fue la suya al verse así. Y junto con la sorpresa, la inundó el miedo. Un miedo a la fragilidad, a lo que ahora iba a llamar la atención con esas alas, y con ese cuerpo, y con esas patas tan estiradas… ¿Dónde iba a esconderse?, ¿qué iba a hacer ahora?

El elefante, que llevaba un rato observándola… se le acercó y le dijo: ¿quieres dar otro paseo?

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